Reflexión sobre las palabras:

La posibilidad de conjugar las expresiones existente, arraigadas en nuestra conciencia, es una tarea tan compleja como el intento, declaro en vano, de disciplinar las no existente, las palabras ausentes en la retórica, aquellas que plausibles de algún reconocimiento, escapan al dialecto, que no encontramos en nuestra experiencia almacenada y nos obligan a utilizar las comunes, las que decimos sin tener cabal noción si son realmente completas, si encierran el sentido deseado. Muchas veces nos enfrentamos a silencios piadosos que disimulan nuestra incapacidad de proseguir, de darle una manifestación perfecta a lo deseado y nos conformamos en esa incapacidad, que aunque opaque la belleza que se podría lograr de no ser así, se consolida en las corrientes actuales, ajenos a la belleza del arte que se podría crear, el arte del hablar y las técnicas de conversación. No tengo seguridad para considerarla una desidia mezquina o una economización absurda, pero la desvalorización de la retórica nos lleva inexorablemente hacia una dialéctica minimizada, simplista y poco conservadora, que destruye la belleza de la combinación de las palabras con marcada avaricia, sepultando la riqueza más próxima a todos, la subyugante y deleitosa sonoridad que acaricia los oídos del intelecto. No es suficiente una retórica decorada, porque se caería en un vacío emperifollado y sin sentido, es prioritario rescatar las palabras olvidadas y si es imprescindible crear nuevas, las inexistentes que de tantas, han de ser fáciles de conformar, pero fundamentalmente resucitar las existentes perdidas, las capciosamente olvidadas….


Por amor al amor.

Quizá pretenda crear un relato conmovedor, que despierte el interés y sentimientos en quien lo lea, pero es probable que todo quede en la intensión, una intensión de creer posible lograr tal cometido. No puedo decir que sea un cuento o una novela, por lo que la llamaré simplemente una historia, la historia del amor de un hombre que amó el amor. El amor que sentía este hombre no era el amor común o por lo menos el que todos pensamos en primera instancia, el amor marital o filial, tampoco era el amor por la vida misma, ni por la naturaleza, ni por la belleza. Su amor era hacia el amor mismo, amar el amar, sentir el placer del amor por sí mismo, la satisfacción de gozar del amor, sin importar el motivo de ese amor. Para él el amor estaba en todos lados, en cada partícula que lo rodeaba, sentía que tratar de encasillarlo en algo era empequeñecer su totalidad, su absoluta primacía sobre todas las cosas, entender el amor solo en determinadas circunstancias es no comprenderlo, es limitarlo mezquinamente a la imposibilidad de ver el todo, lo existente y lo inexistente. El amor no solo se aprecia en lo vulgar o excepcional, no es una condición ni un estado, tampoco es un deseo, el amor es una fuente incontrolable de constante cambio y evolución, de permanencia y de quietud, de totalidad sin objeto y de subjetividad indomable, sin razón o con toda ella, eso era el amor para ese hombre, quien todo lo amo sin ser jamás amado por alguien, pero amado por todo lo que amaba. Tanto amó todo que el todo se escapo de su pecho, lo superó el amor que no podía ser capturado en su solo ser y su ser, que fue lo último que amó, partió hacia un cosmos pleno de amor, sin que nadie supiese cuando o por que partió, dejando bañado el mundo de tan puro amor, que por tanto amor, nadie comprendió.


Esto es solo para mis amigos

Para no dejar de lado mi vanidad, ya que sería como dejar una parte importante de mí y no estoy dispuesto a dejar nada de mí librado al azar, ya que el azar es generalmente azaroso y eso me pone algo nervioso, porque lo que uno deja puede ser encontrado por otro y no está garantizado el buen uso que el otro le puede dar y ni siquiera el trato que le otorgue y honestamente me molestaría en demasía que cualquiera maltratara mi vanidad a su antojo, simplemente por haberla encontrado y que nada le haya costado crearla. Tampoco es porque el azar a uno no le haya tocado y dado sus beneficios en alguna ocasión, el hecho de que esté aquí es una prueba, lo suficientemente amplia, de haber gozado, por lo menos una vez de su benevolencia, de que otro modo se podría explicar que haya tenido éxito en la competencia para llegar primero, contra tantos adversarios y sin ninguna ventaja inicial. Esto me hace pensar, hubiese sido distinto que en lugar de llegar yo, lo hubiese hecho otro de los miles de espermas que navegaban junto a mí, o cualquiera de ellos hubiera resultado en mí de todos modos, es decir, yo era ya ese esperma o comencé a ser con la intrusión al óvulo, alguien podría darme una respuesta satisfactoria a esta cuestión??? Como nadie se ha molestado en responderme, seguiré suponiendo que el azar es el responsable, manteniéndome en mi total ignorancia, situación que es bastante conveniente, ya que me libra del pesar al suponer que otro/a podría haber ocupado mi lugar y que debido a la evidencia, podría haber sido algo mejor que yo, sin que esto signifique que debiera ser muy especial de algún modo, solo bastaría con que no fuese como yo para ser merecedor, pero para desgracia de la humanidad, fui yo el ganador (cosa que ya he relatado en un mal poema). Admitiendo que el azar solo en esta ocasión se hizo presente en mi vida favoreciéndome, tengo que reconocer que luego se olvidó de mí por completo, pero que esto no suene como que estoy algo resentido con él, al contrario, ya que cuando fue necesario estuvo y de eso no he de olvidarme jamás, claro que ustedes pueden creer que les ha sucedido algo similar, pero les aseguro que no es así, ustedes merecieron estar aquí, se ganaron en justa contienda el derecho por sus atributos, solo yo he sido elegido por el azar y es algo que me distingue de alguna forma. Volviendo a mi vanidad, no quiero que piense que la he olvidado, debo aclarar que no es la única virtud que he desarrollado, pero si a la que más tiempo le he dedicado para que se desarrolle por completo, fuerte y sana, impía y susceptible como debe ser. A mis otras virtudes no las he tenido tan en cuenta y es probable porque nunca le ofrecí gran esfuerzo a más de una cosa a la vez y mi vanidad ha ocupado casi todo mi tiempo, de todos modos mi soberbia, podría decirse que se encuentra en segundo lugar, algunas migajas ha podido recoger y aunque les aseguro que no fue mi intención, creció tan fuerte y sana, impía y algo menos susceptible que mi vanidad, hecho del cual no puedo vanagloriarme, ya que no fue por propia decisión, creo que todo el crédito lo merece ella misma, quien con muy poco creció enormemente, admito estar orgulloso de tenerla siempre a mi lado, como es lógico, quien no lo estaría. De las virtudes restantes no tengo gran conocimiento, ya que como las dejé libradas a su suerte, creo que no gozo de su amistad y beneplácito para realizar algún acto, de todos modos bien me arreglo con las dos que he sabido cuidar y de alguna forma alimentar bien o mal, lo que si me preocupa es algo o alguien que cada tanto se me presenta y sé que no es una virtud y mucho menos un defecto, ya que carezco de ellos y al cual no he podido dominar aun. En muchas ocasiones me enfrento con ese ser, por llamarlo de alguna forma, que demuestra una total irreverencia hacia mi persona y que además ha tenido la osadía de desafiarme en reiteradas oportunidades, a tal punto llega su insolencia que se ha puesto por encima de mí, de mi yo, si tal cual se los digo, sé que parece poco creíble, pero es absolutamente cierto. Es completamente independiente de mí y en consecuencia se denomina de forma distinta a la mía, el no es yo, se hace llamar Ego. En una oportunidad, de tantas que hemos discutimos, se me ha revelado como mayor a mi yo, cosa que no pude dejar pasar por alto, por lo que le informe que yo estoy por encima de todo y el todo lo incluía a él también, él me respondió que era súper y tan súper que me súper-aba, furioso lo retruque diciendo: “yo soy el súper yo, el yo soberano, el yo supremo, omnipotente y todopoderoso, soy el dios yo”, solo sonrió y me dijo que era ateo, en consecuencia no creía en mí, por lo que lucharía en mi contra hasta lograr la victoria final, hasta destruir a mi yo. Esto sucedió hace algún tiempo y ahora que lo pienso, hace bastante que no me topo con él, pobre ingenuo, creer que podía vencer a mi yo, una utopía absurda, aunque reconozco extrañarlo de tanto en tanto, me reconforta saber que si hemos luchado, a pesar de no tener conciencia de ello, seguramente lo he vencido con facilidad y eso me alegra, por poder seguir siendo yo el único, el verdadero dueño de mi ser y así poder mantener vigente la tremenda humildad que tanto me caracteriza, la humildad que solo yo soy capaz de tener….


Cuento: "La máquina de picar boludos"

En un lugar remoto, muy remoto y sin control, existía una aldea pequeña, pero que esto no los confunda, a pesar de ser pequeña era muy progresista y evolucionada, contaba con todos los servicios de una gran ciudad, además de su propia universidad y en esta universidad se graduó de ingeniero civil, en robótica y en química, la mente más brillante del lugar, el Ing. Juan Sapien. Ya desde muy joven se hizo evidente la inteligencia de Juan dentro de la pequeña aldea, todos admiraban a Juan y no era para menos, contaba con otro atributo muy elogiable a parte de su inmensa inteligencia, su profunda vocación para lograr que su aldea sea la mejor de todas, pero por mucho la mejor y a eso le había dedicado casi toda su vida, al desarrollo, que gracias al cargo de alcalde que ejercía hacía varias décadas, había logrado un bienestar tan alto en su aldea, que parecía imposible mejorar, pero por más bien que estuviesen las cosas, para el ingeniero siempre se podía optimizar, por eso seguía esforzándose cada día, creando nuevos inventos para su gente. Ya había construido una planta que potabilizaba el agua desechada de la aldea, a un punto de extrema pureza, pero además en el proceso lograba generar energía eléctrica para mucho más que su aldea, de forma absolutamente limpia y renovable, una verdadera maravilla de la ingeniería, que vaya a saber por que, se mantenía en total secreto para con las aldeas vecinas. No era el único invento que había creado el ingeniero, también construyo una máquina que creaba un escudo invisible e impenetrable, que abarcaba a toda la aldea, por si en algún momento fuese necesario. Un día estaba recorriendo su aldea y tuvo un episodio que lo irritó en extremo, un aldeano que conducía alcoholizado casi lo atropella y esto lo puso a pensar como evitar que este episodio se volviese repetir. Después de trabajar incansablemente en su laboratorio-taller creo una máquina que con unos receptores neurales podía determinar que personas estaban predispuestas a cometer estas imprudencias, no conforme con lograr que su máquina funcionara a la perfección, busco una solución definitiva para deshacerse de las personas que tuvieran esta predisposición, ya que nadie querría abandonar la aldea por ser el mejor lugar donde vivir y el ingeniero no estaba dispuesto a convivir con este tipo de personas. Después de mucho meditar, decidió agregarle un desintegrador de materia a su máquina, para que automáticamente eliminase a estos individuos y para que nadie pudiera objetar los homicidios, sumó a su invento una lavadora de cerebros que condicionara la voluntad de todos a sus requerimientos, asegurándose la total obediencia de sus aldeanos. Como es lógico no podía confesar a su gente sus intenciones, por lo que les hizo creer que su máquina era para detectar cualquier enfermedad con un diagnostico preciso y por una orden de supuesto bienestar de la población, obligo a todos a pasar por la máquina. Finalizado el proceso de exterminio de posibles irresponsables que pusiesen en peligro la vida de sus vecinos, habiendo entrado el último de sus aldeanos, constato que en el contador de la máquina marcaba 20% y esa era la gente que ya no estaba, pero a pesar de lo alto del porcentaje, se sintió aliviado que el 80% restante no estaba ya en peligro y se podría vivir con mayor tranquilidad de ahí en adelante. Solo dos personas no pasaron por la máquina, el ingeniero Juan y su hijo Sebastian de 18 años, quien era su única familia ya que su esposa había fallecido dos años atrás de un cáncer de hígado. En su domicilio, el ingeniero le explicó a su hijo que no debía pasar por la máquina debido a que quería hacerle unos ajustes antes, ya que este le había pedido pasar para saber si tenía alguna enfermedad, probablemente debido a lo sucedido con su madre. En realidad no quería que su hijo perdiera su verdadera personalidad al serle lavado el cerebro, era un joven brillante y lo amaba demasiado para exponerlo, por lo que cerró la máquina con una llave que colgó de su cuello. A la mañana siguiente su hijo no se levanto a desayunar como era su costumbre, por lo que fue en su búsqueda a su cuarto y no lo encontró instintivamente se palpo el cuello y descubrió que no tenía la llave, presuroso se dirigió donde estaba la máquina y la encontró abierta, sin ningún rastro de su hijo, cuando reviso la máquina vio que hacía pocos minutos había sido puesta en funcionamiento y el contador había variado del 20% al 20,3%, supo en ese instante que algo terrible había sucedido, pero como era posible, su propio hijo o la máquina había cometido un error, no podía pensar con claridad y por impulso entro en la máquina, el contador varió a 20,7%. Con el tiempo todos los inventos del ingeniero Juan Sapien dejaron de funcionar, porque nadie sabía como mantenerlos y la aldea dejo de ser lo que era y desapareció, solo quedo una máquina cerrada con un cartel que decía "PELIGRO, MÁQUINA DE PICAR BOLUDOS"...Moraleja, el más inteligente puede ser también el más boludo...


Retrato de quien solo escribre

Si fuese oportuno no escribiría nada, pero la oportunidad nunca me tocó, ni siquiera me rozó, por lo tanto acá estoy escribiendo, he intentando que alguien se sume a mí inoportunidad, como lector, porque no solo yo soy inoportuno al escribir, sino también lo será aquel que me lea, será un cómplice del inoportuno, ya que ha de compartir estos momentos conmigo. Piensen un segundo la privilegiada posición del lector, este sabe que está leyendo y a quien lo está leyendo, en cambio el escritor no tiene ni la menor idea de quien lo va a leer, siquiera sabe si alguien lo hará, situación que pone en una ventaja enorme al lector por sobre el escritor. Un buen lector puede medir al escritor en base a su escrito, pero el escritor esta supeditado a la imaginación de su lector, depende absolutamente de este para formarse en una figura y para empeorar las cosas, también depende de su gusto y juicio. La vulnerabilidad del escritor es tremenda, se somete al fallo arbitrario de un desconocido y sin ningún derecho u oportunidad a réplica, creo yo que en este caso sería conveniente, que un escritor o presunto escritor, tomara medidas que lo protejan de tal arbitrio y escudarse en un seudónimo que, por determinado tiempo, este dependerá de la cantidad que lo hayan leído, resguarde su imagen. Sin embargo no ha habido demasiados escritores, que supongo yo pensaron los mismo, que utilizaron este casi único artilugio, salvo en casos que desde un principio, ligado generalmente a su seguridad, lo haya obligado, inconveniente que no tiene el que solo escribe, cosa que trataré de demostrar luego. Pareciera que el escritor está dispuesto a someterse a esta situación, que para cualquier persona normal sería un tanto incomoda, pero no para el escritor, tal vez se podría hacer un análisis psicológico con respecto a este tema y llegar a concluir algunas hipótesis, pero como yo no soy psicólogo y por lo tanto gozo de exagerada buena salud mental, solo se me ocurre que el ego del escritor es tan grande que está dispuesto a sacrificarlo todo con tal de obtener el placer que alimenta su desproporcionado ego, que no es mi caso, ya que yo no soy escritor, solo escribo, por lo tanto estoy exonerado de esta situación. Supongo que estoy en la obligación de explicar, por lo menos cual creo yo, la diferencia entre un escritor y quien solo escribe, un escritor es quien escribe para ser leído por los demás y quien solo escribe, lo hace para si mismo, sin importarle si es leído, aunque debo confesar que de una manera u otra, también desea ser leído, pero por diferentes razones que el escritor. La diferencia puede ser sutil, pero no por ello poco importante, si como he dicho de alguna manera ambos quieren ser leídos, el escritor espera la aprobación de su escrito y se somete al gusto de sus lectores, para de alguna forma colocarse disimuladamente en la mente de los demás, que estos estén conscientes de quien fue el escrito y así lograr hasta perdurar en el tiempo, con la pretensión de alguna influencia y el beneficio, en el mejor de los casos, de la fama y el éxito. En cambio, el que solo escribe, lo hace por la simple necesidad de hacerlo, sin pretender absolutamente nada, ni el éxito, ni la fama y ni siquiera la aprobación de quien pudiera ser su lector, esta más allá del concepto de los demás sobre él, lo único que le interesa es escribir lo que quiere decir y solo escribiendo puede hacerlo. En este oscuro lugar me encuentro, donde me pienso como solo el que escribe, pero que me falta para llegar a tener la osadía de ser escritor, no creo que sea falta de ego, porque lo tengo bastante grande (el ego), pero no pareciera ser suficiente y por otro lado, será osadía lo que me falta???, no estoy muy seguro de ello, me creo bastante osado, por lo tanto, por que soy solo quien escribe y no un escritor, tal vez por lo que dije antes???, será cierto que no me importa la fama, ni el éxito, ni la opinión de mí de los lectores, o quizás sea que temo a someterme al gusto de los demás???. Ya sé que esta pensando mi posible lector, hay que tener talento para ser escritor, hay que escribir algo realmente bueno para serlo. Yo no estoy tan seguro de ello y me baso en que han existido millones de escritores en la historia de la humanidad y es justo reconocer que no todos fueron buenos, ha habido muchos muy malos y si bien no gozaron, lógicamente, de la fama y el éxito, fueron considerados escritores, en cambio yo solo escribo y no solo escribo por juicio de los demás, lo hago por juicio propio y eso es lo peor y lo mejor. Sé que no ha sido divertido leer todo esto, pero advertí que soy inoportuno y si tu, posible lector mío, estás aquí, eres cómplice de un inoportuno, por lo que creo que deberás tener en consideración tu condición y no cargarme con las culpas solo a mí...


Cuento: "Presunto inocente"

Siempre quise decir esto: "necesito tomarme un tiempo", pero nunca lo dije porque me resulta muy femenino y para ser totalmente honesto no tuve la oportunidad, el tiempo lo necesitaron siempre ellas, de todos modos no me refería con mi deseo a este tema, mi necesidad de tomarme un tiempo es para intentar resolver algunos dilemas existenciales, que si bien no me torturan, ni siquiera me perturban, me interesa pensar en ellos, tal vez para lograr que me torturen o al menos perturben. Con la mayor dificultad con que me encuentro es que no puedo definir cuanto es ese tiempo y al no poder resolver esto, no comienzo ni a pensar en mis dilemas y en ese momento me confundo al razonar si es que tengo una incapacidad para dominar el tiempo y sus cálculos, o simplemente es que desconozco mis dilemas y por ello no puedo medir el tiempo necesario para pensar en ellos, aunque por momentos, por supuesto lo menos oportunos, mis dilemas se me presentan con absoluta claridad, pero vaya a saber por que cuestión no logro recordarlos cuando podría eventualmente dedicarme a ellos. Si por alguna razón especial tuve que encontrarme en esta situación, de la cual no me considero el gestor, mas bien me creo la víctima de esta, ya que escapa permanentemente de mi consideración y reaparece cuando no puedo dedicarle ni un segundo, creo esto prueba suficiente para asegurar mi legítima inocencia, ya que de nada se me puede culpar al no poder otorgarme fehacientemente el dominio de la situación, como se diría y solo lo supongo, porque he de aclarar que poco sé de cuestiones legales, en un juicio se otorgaría la inocencia o por lo menos la no culpabilidad a quien no es dueño de sus actos. Si a actos nos referimos, en este punto puedo asegurar que pocos o casi ninguno vulnera la dignidad, honestidad y garantía de persona honorable sobre mi ser, a pesar de ser solo conocidos por mí, es prueba suficiente para mí y por ello lo debiera ser para ustedes, ya que descarto su confianza hacía mi persona, motivo por el cual me agradaría que fuesen mi jurado en el supuesto caso que esto llegara a tener que ser juzgado. El único inconveniente que podría surgir es el juez y no es porque tema a un juez, simplemente no me llevo muy bien con el juicio de un juez, fuese quien fuese este, debido a que es el juicio de una sola persona y si razonamos que cientos, miles, millones de personan no gozan de un sano juicio, debería ser afortunado en que la casualidad me otorgará el beneficio de que quien fuese mi juez gozará de buen juicio, una simple cuestión de estadísticas a las cuales debo confesar no soy muy adepto, pero reconozco su influencia en lo que eventualmente concierne a una decisión legal y arbitraria, existe una implicancia a la cual he de temer, a pesar de mi probada inocencia. Ahora y después de haber razonado todo lo confesado por propia voluntad, he de admitir que dudo de mi inocencia, es más aun, me considero culpable, totalmente culpable y ese ha de ser el fallo de cualquier juez y jurado consciente, ya que mi incapacidad para considerar el tiempo es solo culpa mía y mis dilemas que no me torturan, demuestran una total insensibilidad para con los demás, no me tortura y como he dicho ni siquiera me perturban, que ser más despreciable, como puede alguien no torturarse y perturbarse ante los dilemas existenciales???, solo he de ser culpable por irresoluto y lo único que debería juzgarse es si mi poca resolución se debe a una incapacidad propia o solo a la desidia de mi ser. Si tomamos en cuenta mi desidia, esta no podría ser menor, ya que he estado todo este tiempo, el cual no he de medir debido a mi incapacidad para medir el tiempo, por lo tanto debería solo referirme a mi incapacidad, ya he explicado que cualquiera que sea incapaz es inocente y en consecuencia la gran mayoría de la humanidad sería inocente, no importando lo que hayan hecho, solo basándonos en la incapacidad, de lo que nadie dudará, que es una de las virtudes más comunes en la humanidad. Habiendo declarado lo suficiente para que ustedes determinen mi inocencia, doy por terminado mi alegato y si este fuese necesario en el supuesto que fuese juzgado, estoy convencido que sería el más apropiado y lógico, dados las circunstancias, las cuales desconozco en absoluto, de todos modos agradezco su segura sentencia...Será justicia...


Cuento: "Una triste historia, con un final tan triste como la historia"

Había una vez, bueno, se que no es el principio más original, pero en realidad si lo había, porque si no lo hubiese habido no tendría una historia para contar. En definitiva había una vez un tipo, un tipo muy particular, tan particular que no tenía nada de especial, lógico que el no lo sabía y vaya a saber por que confusión cerebral él se sentía especial. Se creía tan especial que en todo lo que él hacía era el mejor, el único problema que este concepto le pertenecía en exclusividad, ya que para los demás era uno más y uno más de los más, los que más abundan. De todos modos pudo sobrevivir a su ego y aunque nunca “brillo” en nada, él no estaba tan convencido, veía lo extraordinario en lo más simple y común, sobre todo si era algo hecho por él. Si bien tenía cierta facilidad para comprender rápidamente lo que a otros les costaba un poco más de tiempo, esto le hacía creer que era un superdotado, que poseía una mente superior y creo yo que ese fue el principal motivo de su triste final, en realidad no tan triste, digamos algo triste, un poco triste, bah casi triste aunque no fue para tanto. Como les decía el tipo era como era y basta, creo que se entendió la idea (cualquier similitud con algún conocido es pura causalidad), la cuestión es que estaba yo sentado en la terraza de un bar de la Av. Cabildo, desayunando mi acostumbrado café con leche y tres medialunas, cuando el extraño azar de la literatura, cruza nuestros caminos (queda claro que el único que no es el tipo, hasta ahora soy yo, ya que no podría cruzarme conmigo mismo y más aun si la historia la estoy escribiendo yo). Disculpen si de aquí en adelante apresuro un poco las cosas, de lo contrario se hará demasiado denso y hasta ahora no he dicho casi nada. La cuestión es que no había lugares libres en la terraza y como mi mesa era la única con una sola persona, el tipo se aminó a solicitarme compartirla, cosa que no de muy buena gana acepté, pero no porque necesitara el lugar, solo me preocupaba que de alguna manera fuera a interrumpir mi desayuno. Llego el mozo y pidió lo mismo que yo e inevitablemente, según pareciera, sucedió lo que me temía, me comenzó a hablar. Como todo aquel que aparentemente le interesa charlar con un total desconocido, empezó agradeciendo el haberle permitido sentarse y justificando su pedido diciendo que era su lugar habitual, generalmente un poco más temprano. En ese momento que cabalgaba mi mente tratando de resolver el dilema que se me había presentado, comer la medialuna seca y luego beber el café con leche o hundirla dentro de la taza, tuve que mirarlo que con mi mayor esfuerzo decirle: “no es ninguna molestia”, al tiempo que le retiraba la mirada para que comprendiera que ahí había terminado la charla y me dedique a resolver mi dilema, pero el tipo no captó el mensaje y continuó diciéndome: “este es el mejor lugar para desayunar de la zona”, sin mirarlo acepte con la cabeza (en ese momento me hubiese encantado tener un diario, tamaño La Nación, para esconderme tras el y así evitar cualquier otro comentario, pero desgraciadamente no había diario a mano). A pesar de mi limitada sociabilidad, no se dio por vencido el tipo, bueno dije que iba a hacer más rápido el relato, por lo tanto solo diré que habló varias veces y no obtuvo ni una mirada de mi parte. En este punto tengo que ser honesto y reconocer que el tipo era bastante cordial, el problema es que yo tenía una mañana especial, en la cual no quería que nadie me estorbara. Creo que después de 15’ el tipo se levanto y dijo algo, supongo que se despidió, pero como ya era una costumbre en esa breve conversación, no levante mi vista de mi café ni omití ningún sonido. Cuando volví a la comodidad de la soledad, no pude evitar pensar en lo sucedido y desarrollar una teoría psicológica del tipo, digna de una zapatero, se me ocurrió que el tipo era muy simpático y agradable, pero eso era, acorde con mi teoría, debido a un estado de soledad mal llevada, parecía desesperado por charlar con alguien, como si buscara a una persona en este mundo a quien él pudiera agradar, alguien que quisiera y valorara su amistad. Luego de unos minutos que desperdicie “analizando” al tipo, volví a mi realidad y mis problemas actuales, estuve varios días tratando de resolver como salir del apriete económico en que me encontraba y por más vueltas que le di, no encontré otra solución que un crédito bancario, el mayor inconveniente es que hacía un tiempo largo que mi cuenta en el banco no acreditaba ningún movimiento de importancia, había estado trabajando con efectivo y “ahorrándome” los impuestos, cosa que me convenía, pero en el banco me desacreditaba como posible beneficiario de un préstamo mediano. Cuando terminé mi desayuno me dirigí al banco, ya me había decidido a charlar con el gerente, total el no ya lo tenía y mi misión era poder lograr el si. Cuando la secretaria me hizo entrar al despacho del gerente, encuentro al tipo del café, quien me mira y sonríe, estiré mi brazo al tiempo que le dije: “encantado, que casualidad, como me dijo que se llamaba”, en ese momento creí que mi suerte podía cambiar, después de todo el tipo había compartido el desayuno conmigo. El tipo se sentó sin estrechar mi mano y me contestó. “no le dije mi nombre y si lo hubiese hecho, no creo que lo recordara”….Fin, pongo fin, aunque no es mi costumbre, para que no busquen nada más, terminó…