Escondido del tiempo,
como el viento.
Imagino lo que pudo ser y lo que fue,
irrumpo descalzo, sin ropas que me cubran.
La idea fue simple
y la simpleza buscó darle fuerza.
Necesitaba desaparecer,
tornarme invisible a sus ojos.
Como un clavo oxidado
pretendí recuperar mi vigor,
pero fui fugaz, casi etéreo.
De la vulgaridad a lo extraordinario,
por lo singular y profano.
Son pocos los giros en la vida,
porque la vida no es una rueda.
Atrapado en la irreverencia
mi ser es golpeado con furia.
Nadie comparte mi ansiedad,
es estéril mi deseo.
La ligereza del juicio
confirma el infundio del veredicto,
bajo la hostil mirada del vulgo,
arden las ideas en hogueras.