Los recuerdos se vuelven nostalgia
cuando se convierten irrepetibles,
en ese instante revelador y cruel
se acrecienta el deseo frustrado,
como una puerta cerrada a oscuras.
Las lágrimas expresan el duro pesar
y lo transforman todo en melancolía,
en su caer involuntario
resbalan por rostros ya ausentes
y se pierden en el pudor del pasado.
Puede el tiempo derramar tal tristeza
que un simple pensamiento acongoje,
y en su curso arrastrar la belleza
como hojas secas en la vereda,
con absoluta impiedad y arrogancia.
Solo la muerte se atreve como rival
y aun ella teme ser derrotada,
porque mi angustia será perdurable,
eco sin cuerpo ni descanso,
tras el etéreo vuelo final.