Poema: “Nunca quise nada”

 


Escondo mis torpezas
detrás de cualquier excusa barata.
Las hago pasar por pobreza,
como si eso las volviera dignas.

Quise ser alguien.
No por deseo,
sino por no sentirme menos que el resto.

Soñé con el estrado,
con que me miraran desde abajo,
con valer algo
aunque fuera por engaños.

Podría haberlo sido, sí.
Pero no tenía nada adentro.
Ni fuerza,
ni ganas,
ni nada que no fuera orgullo.

Así que hice lo único que sabía:
poner trabas,
inventar límites,
alejarme lo necesario
para no fracasar del todo
ni tener que intentar en serio.

Nunca quise nada de verdad,
ese fue el verdadero problema.
Lo entendí tarde, claro.
Cuando ya no importaba.

Y sin embargo, no me equivoqué.
Hay algo casi gracioso en eso:
¿para qué mierda iba a ser doctor
si no me importa curar a nadie?



Carta breve sobre las emociones perdidas

 

Falta poco, apenas unos meses, para que cumpla 69 años, y aún me resulta difícil asimilarlo. Hay en mi mente una resistencia persistente, una suerte de negación que distorsiona el paso del tiempo.
He intentado, en numerosas ocasiones, retroceder hacia mis 12, 13 o 14 años, en busca de sensaciones que hoy percibo como inalcanzables. Sin embargo, debo admitir mi fracaso, no logro revivir aquellas impresiones intensas y vibrantes de la adolescencia.
Persisten, sí, ciertos recuerdos: la expectativa ante fechas señaladas, las fiestas, los carnavales, el Día de la Primavera. Era un joven tímido y profundamente romántico, rasgos que alimentaban tanto mi ansiedad como mi imaginación. Rara vez la realidad coincidía con mis anhelos, pero la esperanza renacía una y otra vez, acompañada de emociones que hoy añoro con una nostalgia difícil de explicar.
No son los hechos lo que deseo recuperar, sino la antesala de los mismos, ese tiempo previo en el que todo parecía posible, cuando la imaginación construía escenarios ideales y el sueño cedía su lugar a una vigilia soñadora.
Cada etapa de la vida posee su propio valor, su singular encanto. No obstante, la juventud —con su intensidad, su novedad y su sensibilidad exacerbada— se presenta como una experiencia difícilmente equiparable. Tal vez sea la inexperiencia, el descubrimiento constante o simplemente una configuración distinta de la mente.
Ignoro si esta vivencia es compartida por todos, pero intuyo que, en alguna medida, existe un hilo común que nos vincula en esa nostalgia por lo que alguna vez sentimos con absoluta plenitud.