el punto más alto de mi ilusión.
Recuerdo la arena ardiendo bajo mis pies,
en la orilla de un mar abierto.
La brisa rozando mi rostro
después de extraviarme entre sombras verdes.
Tantos cielos guarda mi memoria
que ninguno ha sabido borrarse.
Imagino que todo me pertenece,
incluso el canto disperso de los pájaros.
El amor fue pródigo conmigo,
derramando dulzuras sin medida.
Nunca pedí más de lo que tuve,
y acaso fue más de lo que merecía.
Mis sentidos todavía me sorprenden
y un placer leve recorre mi cuerpo.
No hizo falta la mano de Dios
para colmar mis días de gracia.
Sigo la costumbre simple de vivir el día,
más allá de lo que otros esperan,
que por ajeno se vuelve distante
y sin peso real en mi vida.
Mi riqueza son las pieles que he besado
y al final, quedarme con la más tibia.
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