Cuento: "El cuarto"

La oscuridad hacía más frío el frío, y esa pequeña ventisca que penetra por las rendijas de la ventana es molesta e irrefrenable. La calefacción no llega a este cuarto; no comprendo por qué, pero por más que mantenga cálida toda la casa, aquí nunca se atempera el frío, ni siquiera en verano.
No estoy seguro de por qué termino siendo mi escritorio: tal vez porque nadie más lo quiso, o porque yo lo elegí sin recordar la razón.

La tormenta ha interrumpido el suministro eléctrico. Solo los relámpagos iluminan la habitación, proyectando figuras espeluznantes en las paredes. Reconozco, aunque me suene absurdo, que el ambiente me genera cierto resquemor. Fantaseo con sombras extrañas, y mi cuerpo se estremece, erizándome la piel con un temor que al mismo tiempo me produce placer.

Ese cuarto frío y oscuro me ayuda a sumergirme en mi mundo: el de mis historias de terror. Trabajo aquí, escribo aquí, vivo aquí. La tormenta no cesa y he perdido la noción del tiempo; ya casi no recuerdo otro momento fuera de estas paredes. Intento no pensar en ello, porque me distrae e impide avanzar en la historia, esa que siempre sueño y que es la más aterradora de todas.

Pero ahora me esfuerzo en vano por recordarla. La pesadilla se escapa de mi mente… y sin embargo, hay algo extraño: al mirar alrededor, reconozco los mismos detalles que en mi sueño olvidado. La ventana, la rendija, la sombra en el rincón.

Estoy en mi cuarto de trabajo. Frío, siempre frío. La tormenta ruge, la electricidad no vuelve, y solo los rayos iluminan la habitación. Me recorre un escalofrío, uno distinto, uno que no proviene del viento.

No estoy escribiendo una historia.
Soy parte de ella.



Poema: "Mis sombras"


Se arrastran por los rincones y crecen a mi espalda,
sombras traicioneras que pacientes me acechan,
esperando un descuido —solo necesitan un segundo—
para invadirme, atraparme con su profundo abrazo.

Y yo, incomprensible, hasta gentil les permito existir,
inundándome en su tristeza que también es gozo,
en su carga de feliz nostalgia y vergonzoso dolor,
en su irremediable expresión marchita y despiadada.

Y siempre estás vos, constante recuerdo imborrable,
que me brinda calor y amargura, deseo y frustración.
Vos, que supiste arrancar los suspiros de mi pecho,
sometiendo mis ojos con tu mirada, esclavizándome.

Y de aquel sol que con mis manos intentaba cubrirte,
para que no interrumpiera tu sueño sobre mi falda;
y aquel encuentro inesperado que sorprendió a mi alma,
con la torpeza con que mi desbordante amor me idiotizaba.

Sombras, mis sombras, que no tienen pudor, atrevidas...
tranquilas, no se apresuren: falta mucho para el día.



Poema: "Por ella"



Pensaba en un momento y terminé robando un instante,
observándola mientras dormía, imaginando su sueño.
Pensé cuántas cosas podría decir y permanecí en silencio,
cosas que ella querría oír, pero por temor las reservo.

Mi alma me grita indignada y abofetea mi cobarde ser;
intento ignorarla y solo logro confundirla, ocultándome.
Mi refugio siempre ha sido una muralla impenetrable,
forjada por la decepción, el engaño o simple estupidez.

En mi profana actitud respiro el perfume de su piel,
que parece decirme, piadosa, poderme comprender.
En mis tribulaciones solo rescato una pobre palidez,
tan sutil como profunda, que maltrata mi desnudez.

He de llorar mi precaria audacia con oculto orgullo,
sepultado por las palabras que solo son murmullos.
He de claudicar al amor que tanto temo con razón,
o mirarte a los ojos, suplicante, pidiéndote perdón.




Poema: "Più indietro"



Sé humilde en la victoria más serena,
soberbio en la derrota más cruel y dura,
mejor la envidia amarga que la ternura
que inspira la lástima y doliente pena.

No escuches al necio, su voz envenena,
ni al bruto cedas mando ni estructura,
pues su torpeza siembra la amargura
y su desorden solo males ordena.

Alumbra con razón la noche oscura,
no dudes por ajena desconfianza,
que el sol renace tras la sombra impura.

No hay hombre que transforme la balanza,
ni mundo que sin hombres se asegure,
ni hombres sin un mundo en esperanza.




Poema: "Palabras"




Palabras, las que casi todos hemos dicho
y las otras que quedaron solas en el olvido,
las que de tanto sonar anidaron en los oídos
y las que por temor a volar mueren en el nido.

Palabras, que son suaves, tiernas caricias
y las otras que como navajas dejan heridas,
las que cuando mienten son bien acogidas
y las que por verdades resultan destructivas.

Palabras que afloran de un alma impetuosa
y las otras que por razón resultan dolorosas,
las que por amor se dibujan dulces, hermosas
y las que por odio se retuercen maliciosas.

Palabras útiles, necesarias, imprescindibles
y las otras pueriles, vulgares, insultantes,
las que quieren la paz para todos los seres
y las que fomentan las guerras, alucinantes.

Palabras que nunca pude decir y he debido
y las otras que debí callar y no he querido,
las que debes imaginar para estar conmigo
y las que has de ignorar en nuestro camino.



Poema: "Post mortem"



Cuando el tiempo golpee a mi puerta
para imponer un silencio permanente,
agitaré las alas de mi pobre alma
para escapar de la fría y torpe muerte.

En la tierra quedará mi cuerpo estéril,
que con palidez abrazará sus entrañas,
mientras mi espíritu volará en los cielos,
riendo burlón de la sorprendida parca.

Crecerán blancas flores sobre mi tumba
para perfumar el paso de quien pase,
y envolverán con aroma al que, por ventura,
quiera leer mi nombre con reverente voz baja.




Poema: "Un anunciado final"



La tarde se desploma lentamente,
mutando las sombras en un manto;
la noche comienza su fiel marcha,
y los primeros brillos nacen en el cielo.

Luces de la calle inician su jornada,
y los insectos las rodean alborotados;
la distancia se pierde con la oscuridad,
ocultando al horizonte de la mirada.

El vuelo fugaz de los pensamientos
lo abarca todo en silencios pesados,
cuando la temprana calma lo invita
al trago amargo de sus recuerdos.

La traidora nostalgia burlona se mofa
de aquel que solo ruega en lamentos,
aferrado a su maldita fortuna y a una copa
que confunde sus penas abrumadoras.

El tiempo se corrompe en las horas,
desgastando al espíritu adormecido;
atrayendo a la tristeza conspiradora,
que pretende un breve final piadoso.

Teje la parca, tenaz y veloz, su telaraña,
y con sus garras profundas se arriza
a esa pobre, elegida, moribunda alma,
para robarle al sol quien mire el alba.

Una tenue luz despierta tímidamente,
y las sombras reviven de sus cenizas;
el rostro sin calor, volcado en la mesa,
es el fatal cierre a un anunciado final.