"Pensamientos y espíritu"



Mi pobre espíritu se encuentra desorientado, vacilante y confuso, ejerciendo presión sobre mi razón. Someto cada idea a una crítica honesta, pero aun así, con la conformidad de mi raciocinio, mi alma sigue inquieta. Sigue dudando de lo que no debería dudar, cuestionando mi propio pensamiento.

Pero mi pensamiento es lo más puro de mí, lo más autónomo. ¿Por qué ha de dudar mi espíritu? No me confunden el misticismo ni las religiosidades, no soy presa de las voces ajenas; solo el eco de mi interior brota en mi voz, en mis letras. Y, aun así, mi espíritu sigue dudando.

¿Es mi espíritu una réplica de mi razón o simplemente un deseo natural y absurdo, una conceptualización cognitiva abrumadora que me impide liberarme? Debería ser el instrumento lógico de mi liberación, pero está enquistado en mí, una insolente analogía de dos formas opuestas de pensar, aferradas con tal fuerza que solo mi muerte podrá liberarlas. Cuando eso ocurra, nada tendrá sentido: el texto, mis ideas, el esfuerzo vano y repetido, todo será efímero.

Tal vez mi destino sea simplemente ser un eslabón en una larga cadena, esa que sostiene una joya, y que esa joya justifique cada simple eslabón. Espero que así sea.

A veces creo que mi espíritu es una bifurcación de mi pensamiento: por un camino transitan las ideas, por el otro los sentimientos. Solo se encuentran de vez en cuando, por breves momentos, para luego separarse nuevamente. Entonces entiendo que mi espíritu no responde a la razón; pertenece a los sentimientos. Por eso se confunde cuando los caminos se cruzan.

Mi lógica y mi razón podrían destruirlo fácilmente. Por eso huye, se separa y sigue solo con los sentimientos, que no pueden ser derrotados por la razón, por más que lo intenten.

¿Tendré que lamentar siempre las dudas de mi espíritu, o debo agradecerle esa inconformidad que, más de una vez, me ha empujado a conocer lo desconocido en mí?



Poema: "Si pudiera"



Si pudiera decir lo que siento, me verías reír como un niño,
jugando al sol, y en las noches, cuando termina la luz y los gritos,
me refugio en tu alma y palpito, creyéndote un todo, una caricia.

Qué lejos estoy, y me arrepiento de ser lo que soy y seguiré siendo,
escondido tras mi muralla inútil, inservible; me conozco.

Si pudiera decir, sin papeles, por qué creo en tu voz y en tu risa,
en los pasos que das dentro del cuarto, en los silencios que me habitan,
recorro las calles que conocen mi nombre, y en la blanca morada
me busco en otro tiempo, entre sombras fugaces, pensando en ti,
recuperando sueños que había olvidado. Lo sé, ya no soy aquel.

Si pudiera vestir de colores viejos, de frases suaves como tu piel,
nacer de nuevo sería pecado, si te desconozco.

El pasar de los años me trajo un regalo: una flor que no cultivé,
una flor distinta en el jardín de mi vida, de perfume nuevo.

Intento retratar tu alma con mis pobres palabras, pero no puedo,
y no me consuelo quedando vacío. Perdóname.

Cuando llegue el día de partir en mi último viaje, espero que la suerte
me otorgue tu mano apretando la mía, susurrándome un “te amo”,
y en una forzada sonrisa, espérame; volveré a tu lado.

Mis versos te nombran a cada momento, y estás allí, como siempre.
Si alargo mi vida en un intento, será para estar contigo un día más.

Perdóname si me equivoco, si desperdicio el tiempo en mi refugio;
es por amor que me desvelo, por verte dormir y estar junto a ti.

No pronuncio palabras desgastadas: prefiero escribir con mi mano,
esa que te conoce y te recorre sin pudor, diciéndote todo.



Mis frases 2

Las frágiles gotas de agua que caen constantemente sobre una dura piedra, terminan penetrando en ella, claro que no todas serán permeables, algunas pueden pasar siglos sin siquiera humedecerse por dentro. Esto me hace pensar en los humanos, las frágiles gotas de agua se parecen a la sabiduría…

Si la percepción de lo que nos rodea, a través de nuestros sentidos, es la forma empírica de obtener conocimiento, esto me hace pensar que hay muchos humanos que, lamentablemente, carecen de visión, oído, gusto, olfato y tacto.

Hay personas que piensan cual será la mejor muerte y se olvidan que no es importante como se muera, lo importante es como se ha vivido...

La vida es un corto lapso de tiempo entre el nacimiento y la muerte, gracias a que no somos inmortales tenemos el placer de disfrutar cada instante, que es único e irrepetible.

Cuando en la vida acumulas determinada cantidad de años, comprendes que cada decisión que vayas a tomar será importante y que las anteriores ya no importan...




Soneto: "Mi Stella"



Como un manantial que aplaca la sed
de un peregrino que transita su destino.
Como una luz que guía los pasos,
rescatando de la oscuridad a un pobre ser.

Como la brisa que empuja las velas
de un náufrago perdido en el horizonte.
Como la lluvia que inunda un desierto,
creando un mágico y nuevo reverdecer.

Aquella que comparte los versos nacientes
del humilde poeta, abrazando sus sueños,
y en la penumbra entrega su alma inocente.

Aquella que cura heridas infligidas
por las batallas perdidas de un viejo guerrero,
y en tu gracia, Stella, renace un joven cuerpo.



"Deseo de ser, ser y deseo"



Deseo… ese maldito deseo de ser lo que no soy, creando otra realidad.

La realidad, ese lugar que la mayoría evita por cruel, crítica e implacable. Mejor la fantasía, más amable, complaciente, generosa. Por eso se prefiere, aunque no se reconozca ni distinga.

Si la vida debiera vivirse con despiadada honestidad, sería casi imposible de soportar para los típicos mortales. Probablemente por eso tantas veces me miento a mí mismo, me confundo, excuso mis fracasos y minimizo mis errores. Creo decir lo que pienso, pero ¿y si ese pensamiento no es mío? ¿Si es externo, incorporado, ajeno?

Al final, me consuelo: soy un simple mortal, uno más entre la multitud. Una multitud negada, odiada por común, por la común unión de todos. Cierto que esa rutina vulgar es evadida por unos pocos: los elegidos que pueden mentir en público con máscaras, crear, modificar la realidad… Bendita actuación, tanto envidiada.

Yo, entre mi realidad y mi fantasía, subsisto a saltos. Asumo el pecado de lo no hecho más que de lo hecho con locura. Tal vez la verdadera locura no sea actuar, sino aceptar resignadamente la pasividad de lo cotidiano, el destino impuesto vaya a saber por quién.

La responsabilidad… esa palabrita que me cuesta entender. Solo comprendo la responsabilidad de los actos realizados, pero ¿la responsabilidad que se me reclama antes de actuar? ¿Un apriorismo kantiano? Para mí, la mayor responsabilidad es hacia uno mismo. Como el amor: debes amarte para amar a los demás. Amar la vida para respetar la vida ajena, amar el arte para amar al artista, amar la naturaleza para amar nuestra casa común.

En definitiva, todo se relaciona con el amor. Mal entendido, confundido con el sexo, reducido a necesidad biológica o placer. Pero el amor es mucho más. El sexo es sexo; el amor es un universo aparte.

Y así volvemos a nuestra dualidad: el mundo real, que nos arrastra y dicta lo que debemos hacer sin importarle si nos hace felices, y el mundo de nuestra fantasía, donde todo tiene sentido, explicación, justificación… donde encontramos felicidad, aunque sea efímera.

Aclaro: no hablo de sueños o anhelos. Esos son reales, posibles o no, pero no se envuelven en mentira. Hablo del mundo de fantasía que creamos a nuestro antojo: benevolente, falaz. Una necesidad típicamente humana, más o menos marcada en todos, exacerbada en algunos.

Vivimos fusionando ambos mundos y creemos que eso nos define. Pero solo una crítica honesta y profunda puede mostrarnos quiénes somos realmente. Es un proceso arduo y doloroso. Para algunos, tan necesario como respirar. Porque deseo, ese maldito deseo de ser lo que no soy, es crecer. Transformar la utopía en propósito, el anhelo en objetivo realizable.

Nuestros mundos paralelos están sincronizados, pero solo quien los analiza comprende su profundidad. La mayoría cree vivir en un solo mundo, con variables buenas y malas, aciertos y errores. Más conveniente así: ignorar la propia hipocresía. Pero todo se derrumba cuando nos detenemos, razonamos sinceramente, aceptamos nuestra imperfección y dejan de importarnos las máscaras.

Entonces comenzamos a vivir en un solo mundo: el nuestro. Maravilloso y real, abominable y falaz.

Sí… eso es lo que muchos creen que hacen.

(Y yo sonrío, porque finalmente entiendo algo: vivir en verdad es un acto de coraje, y yo… estoy dispuesto a ello.)



"Sin excusas"

Cuando descubrí que mi huerto eran unas pobres macetas en mi balcón, que el azul de mi cielo era un pequeño rectángulo que escapaba al conglomerado gris, que el canto de las aves era un susurro distante y eventual, que mi libertad estaba sujeta a una pantalla que me mostraba todo y lo peor, el no estar seguro que mis ideas fueran propias, realmente mías. Ese día decidí, tal vez por primera vez tomé una decisión propia, con terrible temor y enorme esperanza, apagar el monitor, salir a la calle y perderme en una distancia incalculable. Salir de la caverna, como dijo el maestro con su Zaratustra, salvando los abismos de mi entendimiento, intentando comprender cuál es el destino que deseo y por qué estoy dispuesto a sacrificar mi tiempo, lo más valioso que tengo. Las sutiles distracciones quedaron atrás, las banales preocupaciones perdieron su importancia y el universo me golpeó como a un niño que aprende a caminar. Sin límites ni fronteras, sin un idioma, sin costumbres ni creencias, solo con mi ser, con mi alma ciega. Ninguna luz iluminó mi camino, ninguna experiencia me protegía y en esa soledad desamparada pretendí crecer, acariciar el cosmos y gozar del mundo, de ese mundo desconocido pero imaginado, de esa incertidumbre placentera. Reconozco el miedo que vuelvo a sentir hoy, mi cobardía me impidió perder las llaves, la derrota será un resignado retorno a la seguridad de mi caverna, esa que había creado para solo sobrevivir y no tener el valor de pagar el costo que la libertad exige. Mañana he de despertar bajo un cielo azul o en la oscuridad, pero sabré que la elección fue solo mía, sin excusas…



Texto: “Tiempo, vida y conciencia”





Es importante recordar que el tiempo se desplaza lento, pero inexorable. La franja que llamamos vida, que nos ocupa en existir, se va modificando constantemente, inclinando la balanza hacia la muerte desde el primer día. Rara vez tomamos conciencia de ello, hasta que nos acercamos tanto que comenzamos a conversar con ella, tuteándola. Esa familiaridad la hace un poco menos trágica.

Nada ni nadie nos prepara para vivir, y la vida no es lo suficientemente larga para aprenderlo todo. Llegamos al mundo sin pedirlo y nos cargan con costumbres, ideas, errores, complejos, frustraciones y deseos. Lo más terrible es que nos lo hacen con absoluta ingenuidad. Luego, con lo que queda, cada uno hace lo que puede de sí mismo.

Esto complica las cosas: primero debemos aprender, luego corregir lo aprendido, y eso nos roba una parte importante de la vida. Algunos se preguntan, en un instante determinado, por qué han vivido. Muchos intentan evitar la cuestión, pero otros hacen una crítica honesta, en el estricto sentido de la palabra.

No importan tanto las conclusiones, sino la conciencia de la razón y de la volición surgida de la libertad conquistada. Que nuestro aprendizaje cognitivo nos permita comprender por qué hemos trabajado, estudiado, amado, respirado… existido. Si hemos tenido éxito en la empresa de vivir, solo nuestra conciencia lo sabe; no importa lo que piensen los demás.

Nunca será suficiente, pero tampoco será paupérrimo, siempre que la balanza no se incline completamente hacia la desidia y el absurdo. Cada uno sabrá en qué debe mejorar, con el tiempo que le quede, para que su vida tenga sentido. No esperen al instante final: la muerte es, irónicamente, una puerta hacia la nada, sin importar lo que se haya creído antes de cruzarla. Vivamos para que, cuando llegue la nada, no sea por habernos escapado a nosotros mismos.